Oppdal funciona como un auténtico pueblo de fjell noruego y no como una estación creada de la nada: casas de madera, granjas en activo y una estación de tren en la línea principal que deja los remontes a un corto trayecto en autobús. Los cuatro sectores tienen carácter propio, desde las verdes familiares por encima de Hovden hasta las rojas y negras más empinadas de Vangslia. Por encima de las pistas balizadas, el macizo de Trollheimen se abre al esquí de travesía y al freeride, y los guías locales organizan salidas de un día a los circos del fondo cuando las condiciones lo permiten. El ritmo es tranquilo, los precios son honestos para Noruega, y la cocina se apoya en el cordero, la trucha y el queso local Oppdalskyr. Los niños tienen sus propias zonas de debutantes, y la nieve continental más seca aguanta bien la parte baja de las pistas hasta abril.