Pocas estaciones austriacas tienen una llegada tan singular como el Mölltaler Gletscher: el funicular de acceso está enterrado en la montaña, seis minutos a través de la roca desde el fondo del valle en Flattach hasta la estación intermedia del Eisseebahn, donde la luz del día vuelve de golpe a más de dos mil metros. Desde allí una telecabina rápida te lleva al propio Schareck-Wurtenkees, anchas pistas azules de glaciar por la mañana, rojas más exigentes y algunas negras serias cuando la nieve endurece. Diecisiete kilómetros de pistas parecen modestos sobre el papel, pero la temporada va de finales de septiembre a mayo y los equipos nacionales de competición entrenan aquí desde la apertura otoñal, lo que dice todo sobre la calidad de la nieve. Flattach, abajo en el Mölltal, sigue siendo un pueblo carintio tranquilo, vida de valle orientado al sur en vez de chalets barnizados del Tirol. Uno de los glaciares más infravalorados de Austria, y uno de los más silenciosos.