Solda está en altura, mucha altura. El caserío se asienta a 1.900 m en la cabecera de su valle glaciar dentro del parque nacional del Stelvio, y mira justo arriba al Ortles a 3.905 m, la cumbre más alta de los Alpes orientales. El esquí sube al sector Madritsch-Schöntauf-Rosim con cota máxima a 3.250 m, orientado al norte todo el día, y por eso la estación mantiene la nieve cuando la mitad de los Dolomitas han cerrado. Cuarenta y cuatro km de pistas dan variedad suficiente, y el trazado conviene a los buenos intermedios: largas rojas rápidas en carving por arriba, alguna negra corta pero seria como la Marlet, muchas azules fáciles en altitud, y bajadas a estación suaves hasta el pueblo. Fuera de pista los itinerarios freeride bajo el Madritsch y el Schöntauf son francamente buenos, y el esquí de montaña hacia el grupo del Ortles es uno de los grandes proyectos de primavera de los Alpes. Culturalmente Solda es Alto Adigio: el alemán es la primera lengua, el italiano la segunda, la arquitectura es tirolesa de madera y revoco blanco, y las cartas giran en torno a schlutzkrapfen, kaiserschmarrn y apfelstrudel más que a pasta. Reinhold Messner creció en Funes muy cerca, y uno de sus MMM Mountain Museum está en Sulden, justo más abajo, con una plataforma con vistas al Ortles. Tranquilo entre semana, seguro de nieve en fechas en las que otras estaciones se la juegan, e italiano solo por pasaporte.