Pistas y remontes
Qué esquí se practica aquí
Esquí alpinoSnowboardEsquí de travesía
El número de pistas y los kilómetros son indicativos. Las pistas verdes solo existen en Francia, España, Andorra, Noruega, Suecia, Finlandia, Japón, Estados Unidos, Marruecos, Argelia, Lesoto, Sudáfrica, Egipto, Canadá, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda; Italia, Austria, Suiza y Alemania empiezan en azul. Altura de nieve media indicativa en la parte alta de la estación, en cm.
Conoce la estación
Pontresina ha sido siempre la otra opción de la Engadina. Mientras St. Moritz, al otro lado del lago, hace de capital alpina con brillo, Pontresina conserva sus antiguas fachadas de posada romanche y su dialecto, y deja que sea la montaña la que hable. El forfait regional une las dos: todo el dominio de St. Moritz, Corviglia, Corvatsch y Furtschellas está a su alcance, pero usted duerme más barato, más tranquilo y se despierta mirando al Bernina en lugar de a los escaparates de la Via Serlas.
Los dos sectores propios son el Diavolezza y el Lagalb, ambos al norte del pueblo en la carretera del paso del Bernina. El Diavolezza es el sector glaciar, llega a los 3.303 m, con esa célebre bajada de altura por el glaciar del Morteratsch cuando las condiciones lo permiten: un itinerario fuera de pista más que una pista balizada, pero una de las grandes bajadas de los Alpes. El Lagalb es más empinado, más estrecho, orientación norte, y suele ser la elección local los días de nevada. Entre ambos, unos 60 km de pistas, en su mayoría rojas y negras, casi todas por encima de los 2.000 m: ese es el motivo de la fiabilidad nival de este rincón de la Engadina de diciembre a abril.
Pero lo que define a Pontresina es lo que la rodea. El pueblo es la rampa de lanzamiento del esquí de fondo engadino, con una de las redes de pistas pisadas más largas del país al pie de la puerta, y es la capital suiza oficiosa del esquí de travesía: Bernina, Piz Palu, Bellavista, Morteratsch y una decena de corredores con nombre propio están a menos de medio día de pieles desde el fondo del valle. Al caer la tarde, ritmo de bares de hotel, dos o tres buenos restaurantes y la certeza de dormir a 1.800 m en un aire célebre por ser seco, claro y frío.