El pueblo está al final de la carretera, encajonado entre la Grande Casse y los glaciares del Parque Nacional de la Vanoise, creado en 1963 para proteger a los íbices hasta la frontera italiana. Doce remontes y 27 km de pistas mantienen el dominio a una escala intencionadamente humana: ocho verdes, doce azules, doce rojas y cuatro negras entre Mont Bochor y Becquetta. Lo que de verdad atrae está sin embargo más allá de las cuerdas, donde los itinerarios de raquetas y los clásicos del esquí de travesía suben hacia el col d'Aussois, el refugio de la Vanoise y la Pointe de la Réchasse. Pralognan conserva su ritmo familiar porque nunca quiso ser una fábrica de la Tarentaise, y eso se nota en el forfait y en las clases. Los hoteles se alinean a lo largo de la calle principal en lugar de pegarse a la cola de un telesilla, y la velada típica es una fondue con vistas al Grand Bec, no un bar de après-ski abarrotado. Para reservar, mire Booking, Expedia y Hotels.com, pero llame con antelación en las vacaciones de febrero porque el pueblo es pequeño.